El encargo suponía la ampliación de un edificio existente para uso comercial gastronómico, con características de “autohelado”: los vehículos debían poder ingresar y circular alrededor de la construcción.
El punto de partida fue un gran terreno con un galpón central preexistente, exento de las medianeras, cuyas condiciones estructurales eran muy precarias. Una palmera también formaba parte de las preexistencias y decidimos conservarla como gesto paisajístico y estructurador del vacío.
La estrategia para unificar la nueva y la vieja intervención fue una gran cubierta inclinada, de simple ejecución y bajo mantenimiento. El lenguaje y expresión del edificio son la resultante directa de las operaciones que genera dicha cubierta: los grandes aleros perimetrales que protegen todo el contorno, la galería orientada al norte como dispositivo de control solar pasivo que también resuelve accesos y expansiones, la perforación que deja pasar la palmera, la canaleta suspendida que recibe toda el agua de la cubierta, y la repetición de los apoyos en módulos de aproximadamente 2 metros.
Estructuralmente, el edificio se compone de dos vigas elevadas de hormigón que reconocen la modulación preexistente. De aproximadamente 40 metros de largo, estas vigas refuerzan la construcción existente rodeándola a modo de “suncho”. Sobre ellas reposa un sistema de pórticos confeccionados con columnas y vigas compuestas, en madera de pino de secciones comerciales. Las variaciones de estos pórticos nos permitieron “apoyar” la cubierta y las salas técnicas, o bien “colgar” un entrepiso interno y los dispositivos de control solar.